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Espiritualidad

Sincronicidad: ¿manifestación, destino o coincidencia sin motivo?

Mary Vega

Sincronicidad: ¿manifestación, destino o coincidencia sin motivo?

La sincronicidad fue definida por el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung como la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido, pero de manera acausal, es decir, que carece de causa aparente. Por su parte, la casualidad se expresa como la combinación de circunstancias que no se pueden anticipar ni evitar. A Jung le gustaba definir a la sincronicidad como un conjunto de casualidades significativas, lo cual implica un principio de explicación diferente al causal. Cabe plantearse, entonces, si en términos muy generales existe no sólo una posibilidad, sino una realidad de sucesos acausales.

Creo que todos hemos vivido acontecimientos en donde la coincidencia o sincronicidad ha cruzado nuestro camino. Incluso, muchos podemos compartir un relato de sincronicidad que tal vez no resulte tan sorprendente para quien lo escucha, pero que para nosotros fue tan poderoso que nos cambió la vida.

Recuerdo una historia en particular que involucra al actor Anthony Hopkins. En el año 1973, se le ofreció participar en la película La chica de Petrovka —coprotagonizada por Goldie Hawn y dirigida por Robert Ellis Miller. El histrión se caracteriza por hacer investigación previa sobre los personajes para representarlos de manera adecuada; La chica de Petrovka no fue la excepción, así que decidió leer la obra literaria de George Feifer —en la que se basó el largometraje— para sumergirse en su papel; sin embargo, tras buscar el volumen durante horas en las librerías de las afueras de Londres, no encontró ni una sola copia.

Cuando por fin se dio por vencido, se dirigió a la estación de metro Leicester para ir a casa y se sentó en una banca a esperar la próxima salida. Entonces se percató de que sobre la banca había un libro entreabierto, ligeramente maltratado y de aspecto viejo; en vista de que no había nadie cerca, decidió tomarlo. Tenía muchas anotaciones en los márgenes y fragmentos que su anterior dueño había subrayado. Al revisar la portada, leyó con grandes letras rojas “La chica de Petrovka. ¡Era el libro que había estado buscando todo el día!

Esta parte de la anécdota, por sí sola, posee un llamado a la sincronicidad, a la manifestación, al destino. Sin embargo, la sucesión de eventos continuó meses después, hasta el rodaje de la película. Hopkins tuvo la oportunidad de conocer al autor, George Feifer, y no resistió la oportunidad de contarle cómo el libro había llegado a sus manos. El autor, al escuchar su historia, le pidió ver el libro y, para sorpresa de ambos, descubrió que era el mismo ejemplar que le había prestado a un amigo, quien, a su vez, lo había perdido en una estación de metro de Londres.

Mis historias de sincronicidad

La palabra sincronicidad no sólo se refiere a cómo se llega al suceso que carece de causa aparente, sino a qué sucede después de él, y a la importancia que tales sucesos le dan a nuestra existencia, si decidimos darles un valor más profundo.

La manera de observar estas eventualidades se transformó para mí cuando comencé a meditar, pues las sincronicidades empezaron a sucederse una tras otra. En mi caso, se trató de detalles en el día a día, no tan impactantes como la historia de Anthony Hopkins en la estación del metro, pero igualmente trascendentales.

Quizá, los sucesos de los que hablo son como pistas que debemos ir recolectando para armar un enorme rompecabezas. Lo más impactante fue darme cuenta que dichos indicios siempre están disponibles para todos. Se encuentran latentes todo el tiempo, bajo un manto de precepción tejido por una sociedad basada en el materialismo y el consumismo. Una vez que se descubren, resulta imposible ignorarlos.

Me viene a la mente una serie de situaciones enlazadas por una misma deidad. En la cultura hindú, uno de los dioses más conocidos y adorados es Ganesha o Ganesh, quien tiene cuerpo de humano y cabeza de elefante, y es ampliamente reverenciado como removedor de obstáculos, patrono de las artes, de las ciencias, y como señor de la abundancia.

Dicha deidad se me presentó sin que yo tuviese conocimiento de su existencia en este tiempo o vida. Fue una conexión instantánea; después de este primer encuentro, mis días pasaban como de costumbre, hasta que empecé a encontrar cada vez con más frecuencia sus representaciones en distintos sitios, las cuales me invitaban a conectar de nuevo con lo aprendido el día que la deidad se presentó por primera vez en mi pensamiento.

Hubo cuatro eventos memorables en mi vida durante este periodo de descubrimiento espiritual; en todos ellos Ganesha representa una puerta de entrada, un pilar y, sobre todo, una reafirmación. Durante una sesión de meditación, uno de mis maestros espirituales, al ver que yo siempre llevaba conmigo una figurilla de cerámica que representa a esta deidad, me dijo: “Ganesha aparece cuando uno más lo necesita”, y yo no podía estar más de acuerdo.

Para mí no existe la pregunta de si la sincronicidad es simplemente una sucesión de eventos acausales o una forma exagerada de la coincidencia. Desde mi punto de vista, tiene un significado mucho más profundo, en donde la intuición, la manifestación y la conexión con nuestro ser y el mundo físico en el que nos desenvolvemos se conectan y entrelazan creando momentos significativos que pueden cambiar el curso de nuestra vida.

Para concluir, valdría la pena recordar el siguiente consejo de Osho: “Escucha a tu ser, continuamente te está dando pistas. Es una voz quieta, pequeña. No te grita. Y si callas un poco, empezarás a sentir tu camino”.

Bicaalú
Mary Vega

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