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Ficciones

Destello de hada

Josué Ortega Zepeda

Destello de hada

¿Alguna vez te has sentido ajeno al mundo de los humanos? ¿Te has preguntado si vienes de otro universo? ¿Sientes una gran alegría, casi un éxtasis, cuando miras un campo lleno de flores, un cielo completamente estrellado o la quietud de una hermosa laguna? Estas podrían ser señales de que tu verdadero origen no es el que siempre has creído…

Tal vez seas un hada.

Quizá fuiste enviado para recordarles a los humanos que los seres mágicos existimos, los amamos y queremos ayudarlos. Tal vez, sólo tal vez, has olvidado quién eres realmente.

Esta triste historia comenzó conmigo, hada Nubecilla, con un triste anuncio para el Alto Consejo de Seres Mágicos.

—El hada Bombón no me reconoció —susurré temblorosamente desde el centro del círculo conformado por una multitud de seres fabulosos—. Tal vez el Lago Lunar esté fallando…

Hace un par de siglos, las cosas eran totalmente distintas, pues los humanos creían fervientemente en la magia. En ese entonces, nosotros, los seres mágicos, no necesitábamos hacer mucho ruido para que los humanos nos notaran.

Ahora, después de tanta ciencia y tanto avance tecnológico, las criaturas mágicas nos hemos visto en la penosa necesidad de enviar agentes encubiertos de nuestro mundo para tratar de convencer a las personas de que somos reales, de que la magia existe, de que los sueños son mucho más de lo que aparentan.

Hoy, después de tres años de misión especial en el mundo de los humanos, el hada Bombón tenía la obligación de reportarme a mí, hada Nubecilla, los avances en su importantísima misión. Hada Bombón llegó, como de costumbre, a sentarse frente al espejo en su recámara humana de su casa humana, después de un extenuante día de trabajo humano. Ella no encontró nada extraño en su reflejo, pálido y demacrado por el exceso de trabajo y por las pocas horas de sueño; nada inusual vio, muy a pesar de que, del otro lado del espejo, en la superficie del Lago Lunar, yo le hablaba, gesticulaba y al final casi le gritaba para que me escuchara.

—Ella no me vio —mascullé ante el Alto Consejo de Seres Mágicos—. Tal vez el Lago Lunar esté fallando. Puede ser eso... o quizá Bombón olvidó que es un hada. Es probable que ya esté muy infectada con el Virus de los Humanos.

Mi afirmación despertó un espeso y oscuro murmullo entre los presentes, que pareció congelar el aire en cada rincón del Mundo de la Magia.

El Virus de los Humanos...

Tal enfermedad es como un veneno horripilante que obliga al infectado a desear mucho y a disfrutar poco, a correr endemoniadamente sin prestar atención a la increíble belleza de los caminos.

Pero escucha, amado lector: existe una cura infalible para el Virus de los Humanos.
Se llama Destello de Hada.

Los humanos conocen el Destello de Hada como esperanza. De cualquier forma, con uno u otro nombre, no hay espacio para dudar de la eficacia de este milagroso antídoto.
El Destello de Hada es fácil de encontrar para un espíritu entrenado: lo hay en grandes cantidades en la risa de los niños, en el canto de los pájaros, en el agua que es utilizada para regar una planta; está en el crepúsculo y en el amanecer, en las figuras ocultas en las nubes y en la Luna reflejada en una laguna; se encuentra en las cosquillas, en los abrazos y en cualquier actividad que se hace con especial atención y sin mayor recompensa que la alegría misma.

Si justo ahora estás sintiendo un dulce calor en tú corazón, se te han erizado los vellos de los brazos y la nuca, y has sentido unas intensas ganas de enumerar más alternativas en las que es posible encontrar Destello de Hada, entonces estas palabras han cumplido su propósito y te hemos encontrado y recuperado al fin: ¡Eres un hada!

Te lo imploro con el corazón roto, por Bombón, por mí, hada Nubecilla, y por todos nuestros hermanos y hermanas caídos: jura que prestarás más atención la próxima vez que te mires en el espejo. Jura que harás de todo para devolver el Destello de Hada a los humanos, pues es en él donde se encuentra la magia que puede salvar al mundo.

Bicaalú
Josué Ortega Zepeda

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