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El tutorial

Cómo hacer yogurt casero

Sabú Affer y Noé Jáuregui

Cómo hacer yogurt casero

Todo el mundo sabe que una manera de matar dos pájaros de un tiro, comer bien y mejorar tu economía familiar, es preparar tus propios alimentos como lo hacían las abuelas: algo que ahora, con la conveniencia de encontrar todo en el supermercado, hemos olvidado como una opción viable y fascinante.

Del mismo modo, si quieres reducir tu consumo de alimentos con conservadores y excesiva azúcar, además de obtener un rico sabor casero, lo mejor es hacer tus propios frascos de yogurt siguiendo estas sencillas instrucciones.

Existen dos modos para elaborar yogurt por cuenta propia. La primera es más profesional y es útil para quienes quieran consumirlo y también venderlo entre sus amistades y familiares: para ello, hay que conseguir cultivo láctico con productores de lácteos —existen opciones de libre mercado en línea, con entrega a domicilio— y seguir las instrucciones de los proveedores para asegurarse de fabricar el producto con las características deseadas.

La segunda opción, más accesible, se enfoca más en el consumo propio y es la que a continuación detallaremos.

Elige la mejor leche

Entre mejor sea la calidad de la materia prima, el producto será más provechoso. Por eso, elegir una leche lo más natural posible resultará en un yogurt más saludable: lo ideal en este caso es obtener leche fresca, de ser posible directamente en un establo que cumpla con las normas sanitarias vigentes.

Si esto no es viable, intenta conseguir una leche que conserve la mayor parte de sus componentes; evita las leches ultrapasteurizadas, que son las que no necesitan refrigeración, pues conservan pocas de sus propiedades originales.

Calienta la leche

Sin dejar que llegue al hervor, hay que calentar la leche hasta una temperatura de 82 °C aproximadamente; para ello, será conveniente hacerse de un termómetro de cocina que permita conocer la temperatura del líquido a través de una sonda y prestar atención al momento en que debemos apagar la flama.

Una advertencia: si estás trabajando con leche bronca o de establo, es muy importante dejarla hervir durante al menos veinte segundos para evitar el contagio de bacterias peligrosas como la E. Coli o la salmonella.

Entibia la leche

Una vez que haya alcanzado la temperatura deseada, vierte la leche en los frascos donde almacenarás el yogurt usando un embudo de acero inoxidable, vaciándola directamente o con una taza medidora.

Esta vez hay que dejar que la leche se enfríe hasta los 46 °C, dejando los frascos a temperatura ambiente, que será más lento, o sumergiéndolos en una pileta con agua tibia —si está muy fría, los frascos de vidrio podrían quebrarse—. Usa el termómetro de cocina para cerciorarte de llegar a la temperatura correcta.

Añade el yogurt

Una vez que tengas la leche a la temperatura deseada, añade dos cucharadas de yogurt “base” por cada litro de leche. Asegúrate de incorporar lentamente el yogurt a la leche y, después, cierra los frascos con cuidado. El yogurt “base” puede ser uno que hayas adquirido en una tienda, siempre y cuando sea natural y sin azúcar, o uno que hayas elaborado previamente.

Al igual que sucede con la leche, entre mejor sea el yogurt base mejor será el que obtengas. Por eso, hay que buscar marcas que sigan procesos naturales e, idealmente, que usen leche orgánica. Dos notas: a) guarda un poco del yogurt cada vez, para con él poder hacer nuevos lotes y b) si usas yogurt comercial, no hagas más de tres generaciones a partir de éste.

Incuba el yogurt

La siguiente fase puede ser complicada, pero hay soluciones: debes mantener los frascos a la temperatura de 46°C durante un periodo de doce a veinticuatro horas; a mayor tiempo, mayor será la acidez en el sabor del yogurt. La solución ideal es una yogurtera diseñada específicamente para este propósito —no es barata, pero si piensas vender el producto vale la pena la inversión—, o bien, una olla de cocción lenta programada para que mantenga la misma temperatura.

Si ninguna de las dos es posible, hay quienes logran la temperatura idónea usando la luz del horno convencional con un foco de 60 watts.

Refrigéralo… ¡y listo!

Una vez terminado el periodo de incubación, refrigera el yogurt para que tome su consistencia final. Hay quienes retiran el suero con un paño de queso o manta de cielo para darle una consistencia más cremosa.

Recuerda que, a diferencia de las versiones comerciales, este yogurt casero no tiene conservadores, así que es necesario mantenerlo en la porción más fría del refrigerador y no dejar pasar mucho tiempo para consumirlo. ¡Buen provecho!

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Sabú Affer y Noé Jáuregui

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