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Inspiración

Convierte tu aburrimiento en un motor de cambio

Francisco Masse

Convierte tu aburrimiento en un motor de cambio

Las largas semanas del último año, dirían algunos, han sido un caldo de cultivo perfecto para el aburrimiento: confinados por el bien de nuestra salud y de nuestra vida, e imposibilitados para llevar a cabo muchas actividades a las que estábamos habituados, algunos hemos sentido el inevitable peso del hastío y de la falta de interés en este lento y rutinario transcurrir de las cosas.

Pero, incluso en las circunstancias tan particulares que vive el mundo en este momento, es posible hallar un lado positivo al aburrimiento, canalizarlo y convertirlo en un motor de cambio. Para ello, revisemos primero qué es, por qué se presenta y qué intenta decirnos, para luego proponer algunas ideas que buscan tomar al aburrimiento como detonante para actos trascendentes.

¿Por qué nos aburrimos?

¿Qué es el aburrimiento? Para entender el tema, conviene revisar diversas definiciones. Por ejemplo, el escritor ruso León Tolstoi decía que es “el deseo por el deseo” —o sea, ganas de tener ganas de algo—, mientras que el Diccionario del Español de México editado por el Colegio de México acota que se trata de un cansancio, molestia o falta de interés producido por la inactividad, por algo o alguien monótono, poco agradable o poco divertido”.

En un artículo para Psyche, James Danckert y John Eastwood arrojan más luz sobre el asunto. De entrada, distinguen el aburrimiento de la apatía, pues ésta consiste en la ausencia de deseo de hacer algo, mientras que aquél es más como aquella línea de la canción “Nobody Home” de Pink Floyd, que dice “tengo unas enormes ganas de volar, pero no tengo ningún lugar hacia donde hacerlo”.

Aburrirse tampoco es otra cara de la frustración, pues ésta deriva de la imposibilidad de alcanzar nuestras metas. Para Danckert e Eastwood, estar aburrido es signo de que lo que sea que se estés haciendo no parece estar encaminado hacia un propósito vital trascendente, y quien está aburrido a menudo quisiera tener una meta a la cual dirigirse, un propósito en el cual enfocar toda su curiosidad, creatividad, inteligencia, y su pasión.

Aburrida

Los autores dicen que si te sientes aburrido en tu vida es porque “te has vuelto superfluo y sin sentido, y necesitas recuperar la autoría de tu vida; te has vuelto pasivo y estás dejando que la vida te suceda: no fijas objetivos ni cumples con ellos. No estás relacionándote con el mundo en tus propios términos, ni persiguiendo metas que te importen y te permitan explotar tus talentos“.

Sentirse aburrido es, en pocas palabras, la sensación clara de que uno no está haciendo lo que quisiera hacer. Y no sólo hablamos de juego y diversión, sino de trascendencia y realización personal: escribir un libro, explorar el mundo, conocer gente maravillosa, ayudar a quien lo necesita, expresar la creatividad o inventar algo novedoso; no estar atado diez horas frente a un monitor realizando tareas rutinarias y que no implican ni una pizca de ingenio o creatividad.

Como dije al principio, en los días de pandemia que vivimos, el confinamiento y el distanciamiento social nos han privado de numerosas actividades. Y esta ausencia de reuniones sociales, viajes, espectáculos y de la necesidad de ir y venir diariamente a los centros de trabajo han generado una creciente sensación de vacío y de rutina, lo cual genera un terrible aburrimiento. Pero esto es bueno, pues sin esta incomodidad podríamos estar así para siempre.

Si te topas con el aburrimiento, lo peor que puedes hacer ante él es evadirlo, distraerlo con aplicaciones tecnológicas o llenar el tiempo muerto con maratones de series en streaming. En cambio, puedes usar el fastidio para retomar el control y dirigir tus energías hacia la obtención de tus metas.

Cinco pasos para convertir al aburrimiento en algo bueno

I. Relájate

Pocas acciones positivas provienen de la desesperación y el desasosiego. Por eso, si te sientes presa del aburrimiento, haz unas respiraciones profundas y trata de relajarte. Si te es posible, aprovecha la sensación física de inquietud para moverte y, quizá, caminar en la naturaleza o hacer un poco de ejercicio.

Lo importante es aquietar tu mente y evitar un diálogo interno donde te lamentes, te recrimines o practiques cualquier otro tipo de maltrato contigo mismo. Una vez que te sientas más tranquilo, pasa al siguiente punto.

II. Acéptalo

Con frecuencia, uno busca algo que hacer —lo que sea— para eludir el peso del aburrimiento. En lugar de ello, acéptalo: acepta la sensación incómoda y escucha lo que dice la inquietud en tu pecho, pues si sabes aprovecharlo el hastío es como una brújula existencial que te señala aquello que enciende tu chispa vital y aquello donde se extingue un poco cada día. Si puedes, incursiona en la práctica de algún tipo de meditación para acallar el diálogo interno y empezar a escuchar tu propia voz.

Alternativa al aburrimiento

III. Toma un tiempo para reflexionar

En esta parte del siglo XXI, a menudo nos vemos en medio de una carrera sin fin conformada por obligaciones domésticas, laborales, sociales y autoimpuestas. Esta sensación permanente de prisa puede distraernos de nuestros valores y de nuestros deseos más profundos. Por eso, vale la pena retraerse durante un tiempo y hacerse preguntas trascendentes: ¿Quién soy? ¿A dónde quiero ir? ¿Cuál es mi propósito en la vida? ¿En qué creo realmente?

IV. Escúchate y forma tus metas

Las respuestas a estas preguntas configurarán una lista de valores —aquello en lo que crees, como la justicia, la verdad o la paz interna—, así como un mapa con pequeñas y grandes metas existenciales. Por ejemplo, si descubres que algo que te hace feliz es estar en contacto con la naturaleza, puedes pensar en crear un huerto casero con tus manos y, si lo llevas más allá, quizá ello sea signo de que necesitas dejar tu trabajo en un banco y pensar en migrar al campo.

Algunas metas serán más asequibles que otras, así que llegado este punto es conveniente ordenar tus metas de modo realista, y acometer primero aquellas que tienen mayor probabilidad de realizarse para que estos pequeños logros te impulsen a perseguir los demás.

V. Actúa

Ahora, ya sabes qué es lo que te mueve, lo que deseas de la vida y hasta tienes una idea de cómo empezar a luchar por ello. Tienes una meta, un propósito, y quizás hasta una lista de actividades o un plan ambicioso para conseguirlo. El siguiente paso es, simplemente, empezar a actuar. Nada mata al aburrimiento con mayor efectividad que las acciones conscientes y con propósito…

Bicaalú
Francisco Masse

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