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Miscelánea

Escritores precoces

Fausto Broca

Escritores precoces

En el mundo de las letras existe de todo: desde lectores tempranos hasta escritores tardíos. Y en medio de esta gama nos encontramos con un tipo muy particular de escritores: los que nos impresionan por su precocidad.

Hay algunos casos sobresalientes, como el de la escritora más joven conocida, la pequeña Dorothy Straight, quien en la década de 1960, cuando tenía sólo cuatro años de edad, publicó How The World Began —“Cómo comenzó el mundo”—, una obra que dedicó a su abuela y que fue enviada por sus padres a la editorial Pantheon Books, la cual accedió a publicarla.

Otro ejemplo de inmenso talento a muy temprana edad es Lope de Vega, uno de los principales poetas del Siglo de Oro español —y uno de los autores más prolíficos de la literatura universal—, quien se estrenó como dramaturgo a los doce años de edad. También está el caso de Ana Frank, que con tan sólo trece años escribió su mundialmente famoso diario, más valioso por su contenido y por su trascendencia histórica que por su forma.

Fuera de estos casos extraordinarios, a continuación mencionaré tres ejemplos de escritores cuya pasión comenzó a arder desde muy corta edad.

Mary Shelley

Mary Shelley

En la inusual mente de dieciocho años de la joven Mary Wollstonecraft Godwin o Mary Shelley, se despertó una idea fantástica que hoy es reconocida como la primera novela de ciencia ficción: nada menos que Frankenstein o el moderno Prometeo, obra clásica publicada el primer día de 1818.

Esta historia sobre un científico y su criatura, que en su tiempo impactó por su temática única y controversial, a lo largo de dos siglos ha sido traducida a muchos idiomas y adaptada a infinidad de versiones para el teatro, el cine y la televisión; por eso se ha convertido en uno de los mitos de terror más conocidos de todos los tiempos.

A los casi diecisiete años de edad, Mary se enamoró del autor Percy Bisshe Shelley, cinco años mayor que ella; juntos escaparon a Francia y, a la larga, contrajeron matrimonio. Se cuenta que mientras pasaban el verano en Suiza con el poeta británico Lord Byron, éste sugirió que cada uno escribiera un cuento de terror… y a Mary se le ocurrió la idea de Frankenstein. Antes de cumplir veinte años, ya había completado el manuscrito que se convertiría en su mayor legado e inauguró un género entonces inexistente.

La vida de Mary estuvo ligada a la desgracia, el rechazo social y la muerte. Durante sus últimos años, padeció un tumor cerebral que la hizo exhalar su último respiro el primero de febrero de 1851, a la edad de cincuenta y tres años.

Jean Nicolas Arthur Rimbaud

Jean Nicolas Arthur Rimbaud

Según Rimbaud, un poeta debe vivirlo todo y sufrirlo todo, y su vida fue un claro ejemplo de total congruencia entre su pensar y su hacer. Este gran poeta francés nació el 20 de octubre de 1854 en la localidad francesa de Charleville; sus padres se separaron cuando él tenía seis años de edad y un par de años después comenzó a escribir sus primeros trabajos literarios.

A los quince años publicó sus primeros poemas en revistas y a los dieciséis empezó a llevar una vida inquieta, turbulenta, aventurera y llena de anécdotas tóxicas, excesos, tórridos romances, peleas, escapes a varias ciudades, alguna que otra prisión y un disparo de su amante, el poeta Paul Verlaine, con quien mantuvo una relación sentimental intermitente.

En esta ajetreada época, Rimbaud creó sus dos obras más representativas: Una temporada en el infierno e Iluminaciones. Durante su último año de vida, un tumor en su rodilla derivó en la amputación de una pierna, con un diagnóstico de cáncer de huesos. Poco tiempo después murió en un hospital de Marsella.

Rimbaud escribió su último libro a los veinte años y murió a los treinta y siete; pero, a pesar de su fugaz carrera literaria, la trascendencia de su obra como una de las cumbres del simbolismo francés y su influencia en corrientes posteriores, como la generación Beat, aportan a su legado una importancia paralela a la de las más grandes figuras de su género.

John Kennedy Toole

John Kennedy Toole

El atribulado escritor John Kennedy Toole (1937-1969) eligió una frase de Jonathan Swift como epígrafe de su extraordinaria novela La conjura de los necios: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

Después de una brillante trayectoria estudiantil y una breve labor docente, Toole tuvo que alistarse en las filas del ejército de los Estados Unidos por un par de años, luego de los cuales regresó a Nueva Orleans a vivir con sus padres de forma bohemia: vendía bocadillos callejeros y trabajaba en una tienda de ropa, escenarios que jugaron un rol importante en su novela.

Este autor sufrió una profunda depresión por el rechazo editorial a su obra y, presa de la desesperación, se suicidó a los 31 años. Tras su muerte, su madre, Thelma Toole —quien lo sobreprotegió durante su niñez— perseveró en su interés por publicar el libro e insistió al autor Walker Percy para que lo leyera. Percy accedió y, finalmente, exaltado por la obra, escribió el prólogo.

La conjura de los necios, publicada en 1980, es una de las novelas más ingeniosas, agudas y humorísticas de la literatura del siglo XX. Once años después de la muerte de Toole, su libro era todo un éxito editorial y, al año siguiente, fue la obra ganadora del Premio Pulitzer de ficción y del premio a la mejor novela de lengua extranjera en Francia.

John Kennedy Toole alcanzó una gran fama póstuma. Pero el verdadero dato curioso es que, antes de crear su obra más conocida, a los dieciséis años escribió su novela La Biblia de Neón, que fue publicada hasta 1989, veinte años después de su muerte.

¿Cuál es el libro que más te marcó durante tu juventud?

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Fausto Broca

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