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Fatiga crónica: qué es, síntomas y algunas causas

Michelle Medrez

Fatiga crónica: qué es, síntomas y algunas causas

Todos en algún momento nos hemos sentido fatigados. Lo experimentamos cuando tenemos una fecha límite a la cual ceñirnos para hacer alguna entrega, muchas tareas pendientes y trabajamos largas jornadas; pero, por fortuna, esa fatiga desaparece con una buena dosis de sueño y relajación.

Otro tipo de fatiga se presenta a consecuencia de afecciones como la anemia, la disfunción renal, la disminución de la hormona tiroidea, enfermedades pulmonares, el insomnio o la depresión, las cuales con un buen manejo médico pueden controlarse sin mayor inconveniente.

Pero existe otro tipo de fatiga cada vez más común y que parece atacar a personas activas y sanas: la fatiga crónica. Este padecimiento no tiene cura y poco se sabe sobre sus causas. Hasta la fecha no se considera una enfermedad en sí misma, pues suele tener relación con otras afecciones ya mencionadas, y con frecuencia suele tratarse como un síntoma más de éstas. Además, su diagnóstico se realiza tras años de medicación y muchos ensayos sin lograr mejoría.

Fatiga crónica

Por desgracia, para quien la padece, la fatiga crónica se vuelve un ciclo interminable y doloroso entre sentirse cansados, estar cansados de estar enfermos y de no tener fuerzas para salir de ese estado, sin mencionar el hecho de que el equipo médico no sabe a ciencia cierta cómo tratar dicho padecimiento.

Ahora bien, el cerebro tiene mucho que ver en esto, pues cuando nos lesionamos o enfermamos este órgano reconoce el malestar y causa fatiga —y, en algunos casos, también dolor— para asegurarse de que nos tomemos el tiempo suficiente para recuperarnos. Una vez que la lesión se cura, el cerebro “apaga” la fatiga y podemos reanudar nuestras actividades normales. El problema con la fatiga crónica es que no se va, incluso después de que la enfermedad se ha curado, y esto obliga a muchas personas a quedarse incapacitadas en casa… y hasta en cama.

Por lo general, la fatiga crónica inicia tras episodios intensos de estrés, como un cuadro de gripe, pero con una enorme incapacidad para realizar pequeñas tareas; se caracteriza además por hipersensibilidad al sonido —hiperacusia— y a los olores fuertes, intolerancias alimentarias de nueva aparición, dolor de huesos, taquicardias y déficits cognitivos en personas de entre cuarenta y cincuenta años de edad.

Un informe del Journal Of Psychotherapy And Psychosomatics describe el papel que desempeña el perfeccionismo en el desarrollo del síndrome de fatiga crónica y en otros trastornos; éste revela que personalidades perfeccionistas y con marcada tendencia a la autocrítica tienen mayor predisposición a padecerlo: este perfil de personalidad puede obligarlas a trabajar más allá del punto de agotamiento, hasta un grado que puede iniciar o perpetuar los síntomas de la fatiga crónica.

El perfeccionismo en el desarrollo del síndrome de fatiga crónica

Sabemos que el perfeccionismo puede ser un rasgo adaptativo que nos ayuda a centrar la atención en el logro de metas y logros personales, pero si tiene rasgos autocríticos conduce a resultados negativos. Las personas críticas consigo mismas y que se esfuerzan mucho por alcanzar altos niveles de perfección pueden sentirse abrumadas por sentimientos de culpa y vergüenza, o sentirse inútiles cuando no alcanzan la perfección o no cumplen con los altos estándares impuestos por ellos mismos u otras personas, lo que genera estados de ánimo negativos.

En 2002, Roz Shafran, Zafra Cooper y Christopher Fairburn propusieron que el rasgo central perjudicial de lo que llamaron “perfeccionismo clínico” es una construcción unidimensional que se caracteriza por la dependencia excesiva a la autoevaluación en una búsqueda decidida de la exigencia personal, y por la colocación de estándares autoimpuestos a pesar de las consecuencias adversas.

Así, el perfeccionismo suele estar asociado a acciones comparativas hacia quienes se considera exitosos, poca tolerancia a la frustración y al fracaso, y un condicionamiento del amor a través de los logros. Todo ello tiene graves efectos: aislamiento social por la competitividad, procrastinación por el miedo a equivocarse y pensamientos catastróficos que hacen que se rechacen oportunidades para no lidiar con la idea del fracaso. ¿El resultado? Altas tasas de estrés emocional.

La teoría dictaría entonces que la fatiga crónica se asocia con el perfeccionismo clínico pues éste crea un tipo de dolor no físico que causa que el cerebro prenda sus alertas; como el ciclo no se rompe, y la culpa y la vergüenza no disminuyen, la alerta se mantiene. Sin embargo, la idea de que el cerebro sea lo suficientemente poderoso como para crear síntomas aún no es parte del conocimiento científico.

Los médicos aun ven con incredulidad el poder del cerebro en casos como este o el de la fibromialgia. Desde la psicología, aún falta precisar la efectividad de los tratamientos y definir cómo abordar a estos pacientes. Esperemos que nuevas investigaciones en el ámbito de la neuroinmunología generen más pautas para el diagnóstico oportuno y el manejo de esta incapacitante enfermedad.

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Michelle Medrez

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