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Creatividad

La historia de tu vida: libros para escribir tu propia novela

Bernardo Monroy

La historia de tu vida: libros para escribir tu propia novela

Es inevitable: en algún momento de nuestras vidas, una película, una serie, o bien, una novela o un cuento, despierta en nuestro interior el deseo de escribir, de contar una historia y compartirla con los demás; ésta puede ser una anécdota, una experiencia traumática o incluso una saga entera. Se trata de un impulso primitivo que todos tenemos, pues desde los tiempos de las cavernas las personas se sentaban en torno a una fogata a contar historias y, como dijo el escritor Philip Pullman, sin éstas “ni siquiera seríamos seres humanos”.

El problema es cómo empezar. Si no se dedica a la escritura o no conoce el oficio, es probable que el neófito no sepa arrancar su historia, crear diálogos y desarrollar personajes. En una época en la que casi cualquiera puede publicar su libro en sitios como Amazon abundan los aspirantes a escritores, pero eso no quiere decir que todos tengamos el oficio de la pluma y el papel o de la máquina de escribir.

Por fortuna, existen libros de escritores profesionales que contienen consejos didácticos y están escritos desde una calidez humana maravillosa. Existen otros que son extraordinarios, pero resultan demasiado especializados para quienes no son versados en literatura —por ejemplo, Análisis estructural del relato de varios autores—. A continuación, citaré algunos manuales de escritura accesibles para cualquiera que quiera iniciarse en el oficio de las letras.

Los clásicos

Como sucede en muchas áreas del conocimiento humano, primero hay que recurrir a los clásicos. Así, el primer texto que recomiendo es Manual del perfecto cuentista de Horacio Quiroga, en el que el autor de la famosa narración “La gallina degollada” nos aconseja: “Cree que tu arte es una ciencia inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo”. Saltando el océano, llegamos a Rusia con Sin trama y sin final de Anton Chéjov, una recopilación de cartas del escritor que dice verdades rotundas, como: “Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo”.

'Manual del perfecto cuentista', de Horacio Quiroga

Si hubo alguien que comprendió la atemporal naturaleza humana ese fue el poeta y filósofo inglés Samuel Taylor Coleridge quien, además, en su texto Biographia Literaria (1817) acuñó un concepto al que llamó suspension of disbelief o “suspensión de la incredulidad”, esencial para contar historias en cualquier medio. En esencia, consiste en dejar a un lado los hechos fácticos al escribir ficción. ¡Se trata de imaginar, no de hacer periodismo!

Samuel Taylor Coleridge

Otros manuales para contar novelas o relatos de auténticos genios de la pluma son: The Writing of Fiction de Edith Warthon, On Writing de Eudora Welty y el esencial Aspectos de la novela de E. M. Forster, quien sugiere: “Cada acción o palabra debe contar; debe ser económico y sobrio; incluso cuando sea complicado, debe ser orgánico y estar libre de materia muerta”.

Los modernos

Algunas veces escribir es un doloroso parto, una montaña rusa de emociones en la que el autor plasma situaciones que preferiría no recordar. William Faulkner decía “In writing, you must kill all your darlings” o “Al escribir, debes matar a los más queridos”, que significa que a veces debes eliminar cualquier detalle, personaje o escena innecesarios. Pero, otras veces, escribir es una auténtica fiesta. Es crear a los mejores amigos, vivir las más emocionantes vidas.

Muchos escritores contemporáneos han explicado los fundamentos de su profesión y dan consejos, algo comprensible viniendo de personas especializadas en retórica. Uno de los textos más optimistas es Zen en el arte de escribir del gran Ray Bradbury, donde el creador de Fahrenheit 451 plasma sus experiencias con su estilo amable y esperanzador, pero también melancólico.

'Zen en el arte de escribir', de Ray Bradbury

En este libro, Bradbury nos dice: “¿Y qué se aprende escribiendo?, preguntarán ustedes. Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho. Una vez que nos han dado la vida, tenemos que ganárnosla. La vida nos favorece animándonos y pide recompensas”.

También puntualiza: “Ahí está el gran secreto de la creatividad. A las ideas hay que tratarlas como a los gatos: hacer que ellas nos sigan. Si usted intenta acercarse a un gato y levantarlo, el animal no lo dejará. Tiene que decirle: ‘Bueno, vete al diablo’. Entonces el gato se dirá: ‘Un momento, éste no se parece a la mayoría de los humanos’. Y luego, por curiosidad, se pondrá a seguirlo: ‘Vaya, ¿a ti qué te pasa que no me quieres?’”.

Los interesados en escribir sobre crímenes —un género en boga, ya sean reales o ficticios— pueden aprender de una de las mejores maestras: Patricia Highsmith, creadora del audaz delincuente Tom Ripley y del libro Suspense: cómo se escribe una novela de intriga, un maravilloso manual para iniciarse en el género y hacer un recorrido por el género policiaco.

Ahora hablemos de uno de los manuales de escritura más vendidos y leídos, que salió de la mente de un narrador de enorme popularidad: me refiero a Mientras escribo del genial Stephen King. Lejos de sus habituales historias de niños con poderes psíquicos y payasos asesinos, el autor nacido en Maine muestra su lado más humano, contando su vida y obra, además de ofrecer consejos elementales.

'Mientras escribo. Memorias de un oficio', de Stephen King

Una de las frases más memorables del autor de Mr. Mercedes es: “Escribir no es sobre hacer dinero, hacerse famoso, hacer citas, tener sexo o hacer amigos. Al final, es sobre enriquecer las vidas de aquellos quienes leerán tu trabajo y enriquecer tu propia vida al mismo tiempo”.

Por último, está una magnífica antología para comprender cómo, por qué y para qué escribir: El oficio de escritor, entrevistas con grandes autores, una compilación de Editorial Era con entrevistas del Paris Review a plumas como Ernest Hemingway, Ezra Pound o Faulkner. Todos coinciden en algo: uno aprende la escritura con la práctica; es decir, escribiendo. Así que, ¡ponte a escribir!

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Bernardo Monroy

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