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Miscelánea

Libros censurados por la Iglesia

Fausto Broca

Libros censurados por la Iglesia

Liberarse era una cosa, reclamar la propiedad de ese yo liberado era otra.
Toni Morrison

En la cultura occidental, la prohibición de libros se remonta a los inicios de la Iglesia Católica. Las opiniones opuestas al dogma cristiano eran calificadas como blasfemas o heréticas, y la naciente iglesia puso en marcha una gran campaña para reprimirlas. Después del Concilio de Éfeso, en el siglo II, muchísimos libros fueron quemados por ser considerados “supersticiosos” —y, siglos más tarde, muchos de sus heréticos autores correrían la misma suerte.

Con la Reforma de Lutero, a mediados del siglo XVI, la Iglesia Católica Romana tuvo que enfrentarse a muchos opositores. Para entonces, ya se habían escrito muchos libros que interpretaban la palabra de Dios a su modo. Por eso, la Iglesia condenó su lectura y llevó un detallado registro de aquellos volúmenes proscritos: a esta lista se le llamó Index Librorum Prohibitorumo “Índice de libros prohibidos”; su propósito era evitar la contaminación de la fe y la corrupción moral de los católicos romanos —según su derecho divino— mediante la lectura de publicaciones teológicamente erróneas e inmorales.

El Index estuvo vigente desde el siglo XVI y fue finalmente abolido por Paulo VI hasta 1966; desde entonces, quedó relegado a la categoría de “documento histórico”. No obstante, hasta el día de hoy el cristianismo y el Islam siguen siendo escenarios donde la vigilancia y la supresión de opiniones disidentes continúan rigiendo. A continuación haré mención de tres libros —de entre una gran cantidad de ellos— que fueron calificados por la Iglesia como “peligrosos”:

El origen de las especies, Charles Darwin

Caricatura de Charles Darwin

Este libro, publicado en 1859 por el geólogo y naturalista Charles Darwin, es un parteaguas en el desarrollo de la ciencia y la inteligencia humana. La teoría de Darwin postula dos puntos principales: el primero plantea que diversos grupos de animales evolucionan a partir de uno o de unos pocos ancestros comunes; y el segundo, que el mecanismo por medio del cual se produce esta evolución es la “selección natural”.

Con esto, Darwin propuso la teoría de la evolución biológica por selección natural, y definió la evolución como “descendencia con modificación”; es decir, la idea de que las especies cambian con el tiempo y dan lugar a nuevas especies, incluso cuando comparten un ancestro en común.

Este libro fue prohibido porque contradecía dos dogmas fundamentales de la Iglesia: la creación del mundo y la creación del género humano a imagen y semejanza de Dios, de modo que fue catalogado como una blasfemia. El mismo Darwin inicialmente dudó en hacerlo público por miedo a las represalias religiosas y sociales, y por muchos años mantuvo su teoría en secreto.

Fue hasta hace muy poco, en el año 2008, que el Vaticano aceptó oficialmente que la teoría de la evolución era compatible con lo dicho en la Biblia… pero que no le debía una disculpa a Darwin por el trato que le dio a su libro cuando fue publicado, hace más de siglo y medio.

El amante de Lady Chatterley, D. H. Lawrence

Portada de 'El amante de Lady Chatterley

En su famoso poema “El año milagroso”, el poeta inglés Philip Larkin se refirió a este libro de la siguiente manera: “Las relaciones sexuales comenzaron / en mil novecientos sesenta y tres / (que fue bastante tarde para mí) / Entre el final de la prohibición de 'Chatterley' / y el primer LP de los Beatles”.

De seguro Larkin no fue la única persona a quien El amante de Lady Chatterley marcó radicalmente en su vida. Esta novela, escrita por David Herbert Lawrence y publicada por vez primera en 1928, causó un nivel de escándalo sin precedente al ser acusada de “obscenidad”, y en su tiempo fue prohibida debido a los pasajes donde se describen actos sexuales de manera explícita.

Fue hasta 1960, después del que quizá ha sido el juicio legal más famoso de la historia literaria, que la editorial Penguin publicó íntegramente el texto original con el famoso y provocativo eslogan “¿Le gustaría que su esposa o sus sirvientes lo leyeran?”. En aquel momento, las autoridades eclesiásticas y políticas inglesas y de otros países de habla inglesa la declararon “prohibida para siempre”. Más de tres décadas después, finalmente se eliminó la prohibición.

Con el tiempo, su negra reputación impulsó este título y lo llevó a vender millones de ejemplares, recordándole al mundo la máxima de que “el sexo vende”. Para muchos, la irrupción de El amante de Lady Chatterley en la cultura popular abrió camino a la revolución sexual de la década de 1960.

El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde

Oscar Wilde

Si hablamos de libros prohibidos, resulta indispensable mencionar a Oscar Wilde —dramaturgo, novelista, cuentista y poeta irlandés— por su controversial postura, pensamiento, intereses y pasiones. En una época en la que la homosexualidad era considerada casi universalmente como “inmoral”, y un delito en la Inglaterra victoriana, su orientación sexual le costó una estancia en prisión.

En El retrato de Dorian Gray, publicado en 1890, la pintura del personaje llamado Dorian Gray es el símbolo clave de la novela. Dicha imagen representa la degradación del alma, refleja las consecuencias de la búsqueda del placer como prioridad existencial y enfrenta al lector a los peligrosos efectos que los excesos pueden provocar en el alma de una persona.

Más allá, Wilde usó El retrato de Dorian Gray como un reflejo de sí mismo, y afirmó: “Basil Hallward es lo que creo que soy, Lord Henry lo que el mundo piensa de mí y Dorian lo que me gustaría ser, quizás en otras épocas”. La novela no sólo fue prohibida por sus matices sexuales: su publicación y recibimiento entre el público no ayudó mucho a la reputación de Wilde.

Juzgado por las autoridades británicas como “vulgar”, “inmundo” y “venenoso”, Wilde terminó siendo juzgado por sodomía y condenado a dos años de trabajos forzados, de 1895 a 1897, sentencia que cumplió en la cárcel de Reading.

El brillante escritor que alguna vez asombró a la sociedad británica con su ingenio, acabó sus días enfermo y arruinado en París. Sus extraordinarias obras fueron repudiadas, junto a su persona, en uno de los episodios más vergonzosos de la infame historia de la homofobia.

Y tú, ¿conoces algún otro libro prohibido?

Bicaalú
Fausto Broca

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