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Creatividad

Neurociencia creativa: la sinapsis del intelecto

Franz De Paula

Neurociencia creativa: la sinapsis del intelecto

¿Qué implica ser una persona inteligente o creativa? ¿Qué significa eso de “pensar fuera de la caja”? Y, ¿de dónde vienen las ideas creativas? Las respuestas a estas preguntas se encuentran, literalmente, en nuestras cabezas.

En el cerebro humano —cableado de forma diferente del resto de los cerebros que conocemos— corren complejos circuitos tejidos de pensamientos, emociones, memorias, anhelos, miedos y pasiones. Algunas regiones del cerebro comparten conexiones y se activan en conjunto; pero cuando pensamos de forma creativa, ¿qué fascinantes procesos ocurren?

Por mucho tiempo hemos considerado a la creatividad como un fenómeno misterioso. Pero poco a poco la ciencia —quizás el instrumento más importante que ha creado nuestra inteligencia para conocer el universo— ha logrado develar una parte de ese enigma, gracias a sorprendentes descubrimientos relacionados con el funcionamiento del cerebro durante el acto creativo.

Redes creativas

Los resultados de investigaciones recientes en torno a los procesos mentales indican, en primera instancia, que las regiones “creativas” del cerebro pertenecen a tres sistemas cerebrales específicos: la red predeterminada, la red ejecutiva y la red de relevancia. La primera es el conjunto de regiones cerebrales que se activan cuando las personas están sumergidas en un pensamiento espontáneo, como divagar, imaginar o soñar despiertas —una función clave en la generación de ideas.

Redes creativas

La red ejecutiva es el conjunto de regiones que se activan cuando necesitas concentrarte o controlar tus procesos de pensamiento —algo muy importante en la evaluación de ideas. Y, por último, la red de relevancia es el conjunto de regiones que actúa como mecanismo de cambio entre las redes ejecutiva y predeterminada —y es crucial en la voluntad, la atención y la toma de decisiones.

Entonces, ¿qué hace que algunas personas sean más creativas que otras? Una posibilidad es que las personas creativas tienen mayor facilidad para activar de forma simultánea las redes predeterminadas y ejecutivas de su cerebro, y así resolver problemas. La creatividad implica una compleja interacción entre el pensamiento espontáneo y el controlado: es la capacidad de generar ideas de manera fresca y analizarlas con atención para determinar si realmente funcionarán.

Existen varios métodos que ayudan a los científicos a comprender cómo es que pensamos y generamos ideas; uno de ellos es conocido como neuroimaging o neuroimagen: un conjunto de técnicas que se ocupan para medir el cerebro. En esta nueva disciplina destaca el doctor Rex Eugene Jung, profesor de neurocirugía en la Universidad de Nuevo México, investigador de la Mind Research Network, neuropsicólogo clínico y autor de más de cuarenta artículos.

Max Eugene Jung

El trabajo del doctor Rex Jung se enfoca en la relación entre el comportamiento y las funciones cerebrales, incluidas la personalidad, la inteligencia y, desde luego, la creatividad. Para ello, emplea técnicas de neuroimagen como la microscopía de resonancia magnética, que sirve para observar los químicos cerebrales involucrados en procesos neuronales clave para el comportamiento.

Otras técnicas que usa son la imagen con tensor de difusión, un tipo de resonancia magnética que analiza el movimiento de las moléculas de agua para determinar la anatomía de una red cerebral; y la resonancia magnética estructural, que permite observar los diferentes módulos de procesamiento del cerebro, el grosor cortical y los campos activos en la superficie del cerebro.

Creatividad bajo el microscopio

El pensamiento creativo implica la interacción de las redes predeterminada y ejecutiva del cerebro, ya que esta conexión permite generar ideas de manera espontánea y evaluarlas de forma crítica, y en este proceso contribuyen también los sistemas de memoria y de proyección: las redes que usamos para recordar el pasado nos permiten imaginar experiencias futuras y pensar de manera creativa.

¿Cuál es entonces, a la luz de estos hallazgos, la relación entre inteligencia y creatividad? ¿Dependen una de la otra? Lo que sabemos hasta ahora es que son dos tipos distintos de razonamiento. Por su parte, el doctor Jung opina que si bien existe controversia en torno a ello y algunos han encontrado correlaciones entre ambas, su trabajo con científicos y académicos le ha permitido constatar que las personas con IQ altos no son necesariamente muy creativas.

Otra duda frecuente es si se puede incrementar la creatividad y, si es así, cómo podría lograrse. No hay una respuesta concluyente, pero todo parece indicar que sí es posible, si se ocupan de forma eficiente algunas herramientas y técnicas que han comprobado ser de utilidad para que algunas personas sean más creativas.

Incrementar la creatividad

Nuestros cerebros son capaces de transformarse a sí mismos al modificar y crear nuevas conexiones neuronales. Gracias a su cableado, podemos generar ideas nuevas, imaginar posibilidades, establecer procesos, superar instintos primitivos, considerar opciones antes de decidir qué hacer, imaginar lo que aún no existe y hacerlo realidad.

Este increíble talento creativo ha propulsado a nuestra especie desde la vida en las cavernas hasta nuestras exploraciones tecnológicas y del espacio exterior. Saber cómo funciona nuestro cerebro puede ayudarnos a usar nuestra breve existencia para mejorar el espacio y el tiempo que ocupamos, y beneficiar a los que vendrán después de nosotros y al exquisito planeta que nos da asilo.

La creatividad surge cuando salimos del camino conocido; por eso, intenta hacer algo nuevo. Alimenta tu mente con cosas y temas diferentes, con errores y descubrimientos. Cruza fronteras y toma riesgos para desarrollar el temple que necesitarás para transformar el fracaso en aprendizaje y tus aciertos en sabiduría. Si eliges la creatividad como camino, te aseguro que será uno muy divertido.

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Franz De Paula

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