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Inspiración

Salir al mundo: leer en la "gruta mágica"

Bernardo Monroy

Salir al mundo: leer en la 'gruta mágica'

Salir al mundo es la primera novela de Ana Pazos, maestra en Humanidades y editora de Bicaalú, que acaba de ser publicada por Editorial Planeta y ya está disponible en librerías. Se trata de una narración que por momentos es trágica y cruel, y en otros alentadora y con esperanza, pero que nunca deja indiferente al lector y mucho menos lo aburre: es un libro de 368 páginas que se lee como quien bebe un café en una gélida mañana de enero.

Ana Pazos, autora de 'Salir al mundo'

Salir al mundo cuenta la historia de Elisa, una niña de 12 años con inteligencia y sensibilidad extraordinarias que vive con su madre, Virginia, una cuarentona alcohólica que se encuentra estancada en la adolescencia y se la pasa de bar en bar, sin tener que trabajar gracias al apoyo que recibe de su ex esposo, Eugenio Laforet, quien a su vez cumple a rajatabla con el estereotipo del “macho tóxico”.

La vida de Elisa transcurre entre el caos de su progenitora y la cotidianeidad, hasta que de súbito todo cambia, primero gracias a Érica, una destacada pintora de la escuela de Remedios Varo que fungirá como mejor amiga de Virginia y mentora de Elisa y, después, con la aparición de Vito, un joven de 20 años quien, contra todo pronóstico y con algo de polémica, se convertirá en su amor platónico.

La historia dará un giro cuando la autora mueva el destino de los personajes y, en consecuencia, las emociones del lector. Virginia desparecerá misteriosamente y es allí cuando ocurren una serie de acontecimientos imprevistos que incluyen viajes a la Marquesa, una crítica demoledora a la educación rígida y tradicional, amores dolorosos e imposibles, padres homófobicos y jóvenes que descubren ser gays, estilos de vida de la Ciudad de México y de Querétaro, descripciones de las típicas noches coloniales de cualquier secundaria mexicana, conflictos familiares y, sobre todo, la capacidad redentora de la creatividad.

Más que el amor imposible o la madurez, el tema central de Salir al mundo es cómo el arte ayuda a mejorar la vida de las personas. No es necesario ser un Shakespeare o una Remedios Varo: lo que importa es sublimar, enfocar, canalizar y proyectar las emociones en la escritura, la actuación, la danza o la pintura, pues así exorcizamos el dolor, el miedo, la ira y la culpa.

Remedios Varo, por cierto, será una referencia constante a lo largo de toda la obra. Elisa conocerá a la famosa pintora surrealista gracias a Érica y se sentirá como uno de los personajes de sus cuadros. Ana Pazos habla de la autora de La gruta mágica como Liberace interpretando a Gershwin: es decir, conociendo muy bien su obra y sabiendo cómo divulgarla al público general.  

'El juglar', Remedios Varo, 1956

Varo, Remedios, El Juglar, 1956.
Imagen tomada de www.mercadolibre.com.mx

Rumbo a la madurez

“Los problemas hacen madurar a las personas, y Elisa ha tenido muchos”, dice Ana Pazos. Si intentara clasificar a Salir al mundo, diría que es una bildungsroman o novela de formación o aprendizaje, que se enfoca en la transición de la niñez o adolescencia a la madurez. Ejemplos sobran a lo largo de la historia de la literatura, pero algunos de los más famosos son El guardián entre el centeno de J. D. Salinger, Grandes esperanzas de Charles Dickens, y Jane Eyre de Charlotte Brontë, una de las favoritas de la autora y que se convierte en una referencia y analogía para Elisa.

La protagonista es una niña, sí, pero no es una historia “infantil” o para niños en ningún momento, pues las descripciones de la violencia doméstica, los actos de homofobia y de los conflictos internos de los personajes —como los ataques de ansiedad de Elisa o el fragmento en el que Virginia se provoca autolesiones con un cutter para sobrellevar su adicción al alcohol— llegan a ser bastante dolorosas.

La Ciudad de México como escenario e incluso como personaje en sí mismo es otro de los elementos narrativos que destacan en Salir al mundo. A lo largo de sus páginas recorremos el centro de Coyoacán —y, por lo tanto, la hermosa calle de Francisco Sosa—, acompañamos a los personajes a comer quesadillas en la Marquesa y visitamos la Cineteca.

Coyoacán

Además de la prosa fluida, otro aspecto muy logrado de la novela son los diálogos, que se sienten muy naturales y auténticos. Como bien dice Stephen King en su magistral manual de escritura On Writing, para escribir buenos diálogos hay que tener buen oído. He aquí un ejemplo:

─Dicen que miss Emiliana te baja una décima de punto por cada falta de ortografía en los exámenes o trabajos.

─Eso no es nada. Te cierra la puerta en las narices si llegas un minuto tarde. A mi hermana casi le revienta los lentes.

─Y te hace leer como diez libros al mes. ¡Pinche vieja loca! Al menos nos tocó en el mismo salón.

No es necesario conocer la trama para percatarnos de que es la típica conversación de cualquier escuela secundaria.

Personajes que emergen del papel

Toda novela es memorable gracias a sus personajes y los de Salir al mundo destacan por sí solos. La más memorable, sin duda, es Elisa: ansiosa, tierna, a veces empática y a veces irascible. Virgina se mueve entre lo trágico, lo gracioso y hasta lo patético e indignante. Érica debe sobrellevar sus obsesiones y la relación difícil con su padre, un afamado pintor, mientras que Vito es un veinteañero que aparenta ser muy maduro para su edad, pero fue profundamente marcado por un par de eventos de su infancia.

Eugenio, padre de Elisa y ex esposo de Virginia, resulta ser un macho que desprecia todo lo femenino, pero con el transcurrir de las páginas nos damos cuenta de que es alguien que ha sufrido debido a su irresponsabilidad. Por su parte, Omar y Mauricio son dos chiquillos que poco a poco descubren su identidad. Incluso los personajes secundarios, como el profesor Bielik —un soporífero maestro de Historia que lo único que hace es aprenderse párrafos de libros y repetirlos en clase— y “El Moiras” —amigo de Vito que es el típico friki aficionado a las películas de superhéroes y a las figuras de acción— resultan encantadores, aunque sólo aparezcan en unos capítulos.

En fin, no diremos más por el riesgo de los tan odiados spoilers; pero si quisiera resumir esta obra, usaría un consejo que una profesora le ofrece a Elisa:

“No les voy a decir que busquen tener vidas atormentadas para ser buenas artistas, pero cuando les pase algo doloroso, en lugar de perderse en la calle de la amargura, ¡pónganse a convertir la situación o sus sentimientos en algo creativo! Dibujen, pinten, escriban, cocinen, hagan figuritas de cartón, ¡lo que sea! Pero no se queden con esa oscuridad adentro”.

Bicaalú
Bernardo Monroy

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