Cómo limpiar y ordenar a fondo —sin convertirte en Marie Kondo—

Cómo limpiar y ordenar a fondo —sin convertirte en Marie Kondo—

Sabú Affer y Noé Jáuregui

El tutorial

Si sigues guardando esta cuarentena que ya duró más de 40 días, y quisieras aprovechar el confinamiento para poner un poco de orden en tu casa, esa oportunidad sigue ahí, esperándote. El semáforo aún no se pone en verde y, aunque eso ocurra, es muy probable que la vida no vuelva a ser como antes.
Así las cosas, ¿por qué no darse a la tarea de deshacerse del tiradero que has ido acumulando desde antes de la pandemia? A tiempos nuevos, casa nueva: una más ordenada y funcional. Aquí te diremos algunos consejos para hacerlo de la manera más indolora posible —y, quizás, hasta más divertida.

1. Haz un plan

Para ser más eficientes y evitar la frustración si esto se sale de tus manos, es importante saber bien a bien a qué te estás enfrentando, medir la magnitud de la tarea y asignar los días y horas en los que podrás dedicarte a ella.

Una buena idea es hacer un mapa o lista de los espacios de tu casa y darles una calificación; por ejemplo, de “muy poco tiradero” hasta “muy desordenado”. Luego, calcula cuánto tiempo tendrías que dedicarle a cada uno y define una fecha límite que exija que pongas manos a la obra, pero que sea realista.

2. Decide un sistema de clasificación

Un sistema muy sencillo consiste es usar tres contenedores para dividir tus pertenencias: en el primero guardarás todo aquello de lo que te vas a deshacer, aunque no necesariamente tirarás a la basura; en el segundo irá aquello que deseas conservar almacenado, ya que es estacional o su uso es esporádico; en el tercero pondrás lo que vas a conservar y usas frecuentemente.

Desorden

Si te cuesta trabajo tomar decisiones, de entrada quizá podrías etiquetar los últimos dos como “Conservar” y, ya después, con todo el conjunto de objetos frente a tus ojos, determinar si los usarás con frecuencia o no.

Hablando del primer contenedor, para deshacerte de cosas piensa que sólo irá a la basura aquello que es inservible o que no tiene remedio. Muchas de tus pertenencias se pueden remendar, reparar, reciclar o reconvertir, y los que se conserven en mejores condiciones pueden ser donados o regalados, o incluso ponerse en una venta de garage.

3. No tengas miramientos

Idealmente, el primer contenedor —con objetos de los que te vas a deshacer— debe ser el más voluminoso de los tres. Si no es así, intenta vaciar poco a poco los otros dos hasta que contengan el mínimo posible de objetos.

Será común, sin embargo, que te resulte difícil deshacerte de algo que tiene un valor sentimental o que, simplemente, te haya costado una suma poco despreciable. Te recomendamos usar algunas de las siguientes estrategias:

  • Repite un mantra, por ejemplo: “Guardo el recuerdo, tiro el objeto”, para tener en mente que si bien puedes conservar una grata memoria de algún momento que involucra una posesión, si ésta ya no te es útil es mejor hacer espacio libre para algo más.
  • Aplica la regla del 80/20. ¿Sabías que el ochenta por ciento del tiempo sueles utilizar el mismo veinte por ciento de tu ropa? Esta regla te permitirá darte cuenta de que puedes depurar tu guardarropa a sabiendas de que es poco probable que llegues a necesitar muchas de tus prendas.
  • No te detengas por el costo. Si lo que te detiene es el valor o esfuerzo que significó obtener el objeto, piensa que este costo monetario muchas veces es ya irrecuperable, pues rara vez los objetos usados llegan a alcanzar el mismo valor que tenían cuando eran nuevos. Asume esta situación y no dejes que la etiqueta con el precio te detenga.
  • Otra táctica muy útil es recordar cuándo fue la última vez que usaste ese objeto. Si han pasado más de seis meses o incluso un año; si al dar con él pensaste “¡Wow, hasta que lo volví a encontrar” o si ni siquiera recordabas que estaba en tu poder, lo más probable es que no lo necesites. Lo mejor y más sencillo será desecharlo o regalarlo a alguien que sí lo emplee.
  • Otra estrategia es preguntarte si aún funciona —o si tiene reparación, pues por increíble que parezca a veces nos aferramos a objetos inservibles—, y si podrías vivir el resto de tu vida sin ese objeto; si no funciona, “consúltalo con la almohada” o, como último recurso, pídele a una persona objetiva, práctica y de tu entera confianza que tome estas difíciles decisiones por ti.
  • Ataca cuarto por cuarto

En los dormitorios, vacía los cajones y decide cuáles objetos pertenecen ahí, cuáles deben ir a otra habitación y de cuáles vas a deshacerte. Para facilitarte la tarea, trata de reunir objetos con usos similares.

Por ejemplo, si tienes muchos libros y estos están distribuidos en todas las habitaciones de la casa, quizá lo más conveniente sea juntarlos todos y así decidir cómo organizarlos de tal forma que si buscas alguno en particular, siempre sepas dónde está y no tengas que rastrearlo por todos lados.

Por otro lado, trata de mantener lo más despejadas posible las superficies planas —es decir, la parte superior de la mayoría de los muebles, que suelen ser como imanes para poner todo tipo de objetos—: si logras que haya sólo cinco objetos en cada una, la sensación que te transmitirán será de orden y tranquilidad.

Libera de objetos las superficies planas

Para lograr lo anterior, tal vez debas hacerte de cajas o contenedores, muchos de los cuáles están diseñados para aprovechar espacios “muertos”, como la parte posterior de las puertas o los rincones menos transitados. Esa inversión redundará en mayor orden y te hará sentir mayor comodidad.

Por último, y muy importante: la mejora en tu vida y la paz mental que te brinda el orden y la limpieza inician desde que empiezas a implementarlas. De modo que, lejos de verlo como una tarea o una obligación, ¡disfruta del proceso! De hecho, es probable que “agarres vuelo” y te sigas ordenando, limpiando y depurando áreas, o hasta decidas remodelar. Tú tienes el control.

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