Proyecto HAARP, ¿un arma que controla el clima y los terremotos?

Proyecto HAARP, ¿un arma que controla el clima y los terremotos?

Alan Flores Soto

Alan Flores Soto

Miscelánea

¿Qué podría ser tan destructivo como un ataque nuclear? Quizás, un desastre natural, con sus enormes pérdidas de vidas humanas y materiales, ocasionadas por eventos como terremotos, inundaciones, tsunamis o deslizamientos de tierra.​ Y si bien el uso de armas nucleares es imposible de ocultar, un arma climática permitiría lograr el objetivo deseado y, al mismo tiempo, lavarse las manos frente a la comunidad internacional.

Los humanos siempre han soñado con el poder de controlar la naturaleza y, en la segunda mitad del siglo XX, estos sueños empezaron a hacerse realidad con la técnica de “inseminación de nubes” para crear lluvia artificial, diseñada en la década de 1950 por el premio Nobel de Química de 1932, Irving Langmuir, quien buscaba evitar la formación de hielo en las alas de los aviones durante el vuelo.

En la guerra de Vietnam, el ejército estadounidense usó esta técnica con fines militares durante la Operación Popeye: entre 1967 y 1972, se rociaron sobre la jungla vietnamita 5400 toneladas de yoduro de plata y yoduro de plomo, que en ciertas condiciones penetran en la nube y, al cristalizar, forman pequeños núcleos de condensación a los que se adhieren gotitas que van creciendo hasta formar gotas más gruesas, las cuales se precipitan en forma de lluvia.

Como resultado, la temporada de lluvias en Vietnam se extendió de 30 a 45 días y existe evidencia de que la inundación de 1971, que cubrió el 10% del territorio de aquel país, tuvo la misma causa. Así, la Operación Popeye demostró los peligros del uso de armas climáticas; su objetivo era bastante claro: el sabotaje del sendero Ho Chi Minh, la ruta por la que recibían suministros las guerrillas vietnamitas; pero, a pesar del colosal gasto, no fue posible cumplir con él.

Armas climáticas

No obstante, los experimentos con armas climáticas no pararon allí. Entre 1962 y 1983, el gobierno de los Estados Unidos implementó el proyecto Stormfury: por primera vez en la historia, se realizaron experimentos de siembra de nubes a gran escala, lo que —se suponía— podría convertir un huracán en una lluvia inofensiva. Según algunos informes, en 1969 se redirigió un huracán hacia Panamá; pero, desde entonces, el uso de estas tecnologías se ha detenido…

Tormenta roja

Por su parte, en la década de 1980 la Unión Soviética comenzó a desarrollar su propio programa de armas climáticas diseñado para controlar los vientos, a pesar de que en 1977 se firmó un tratado internacional que prohibió el uso militar de las “técnicas de modificación del medio ambiente”, término que se refiere a cualquier procedimiento capaz de modificar deliberadamente procesos naturales como la dinámica, la composición y la estructura de la Tierra, incluyendo su biósfera, litósfera, hidrósfera y atmósfera, así como el espacio exterior.

A pesar de lo que se cree, la creación de sistemas de gestión meteorológica implica muchos problemas científicos y tecnológicos, como por ejemplo la generación de energía. Considera esto: una nube de lluvia tiene tanta energía contenida como una ojiva nuclear promedio, y calentar un kilómetro cúbico de espacio aéreo necesita de una planta de energía de enorme potencia. Por eso, si se quisiera impactar en el clima global, primero sería necesario aprender a influir en miles de kilómetros cúbicos de la atmósfera.

HAARP: entre la ficción y la ciencia 

Cuando se habla de armas climáticas, pocos piensan en proyectos como Popeye o Stormfury, y en lugar de esto vienen a la mente teorías de conspiración sobre armas y tecnologías que pueden poner de rodillas al mundo. Y en esta categoría es donde entra, según muchos, el Proyecto HAARP.

HAARP son las iniciales del Programa de Investigación de Auroras Activas de Alta Frecuencia, financiado por la Armada y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) y la Universidad de Alaska. Se estima que su construcción y operación hasta 2014 costó alrededor de 250 millones de dólares.

Estación HAARP

La Estación HAARP —ubicada en Gakona, Alaska— empezó a funcionar en 1993 y es un complejo que consta de antenas, magnetómetros, localizadores láser, radares de radiación incoherente y equipos de procesamiento. En 2014, se anunció que el proyecto sería cerrado de forma definitiva, pero en agosto de 2015 las instalaciones y el equipo fueron cedidos a la Universidad de Alaska. 

Pero, ¿por qué se cree que el proyecto HAARP es en realidad un arma meteorológica capaz de controlar el clima a placer? Desde el principio, el proyecto fue acusado de ocultar su verdadero propósito y de ser capaz de formar “manojos de energía” en la atmósfera y llevarlos a cualquier ubicación de la Tierra, provocando inundaciones, huracanes, calor extremo y terremotos.

Sin embargo, siendo objetivos, no existe evidencia de que el proyecto HAARP pueda usarse como un arma. El poder de su radiación, que es 3.6 megavatios (MW), no es suficiente siquiera para un impacto atmosférico menor. Su objetivo oficial era estudiar las propiedades de la ionosfera a fin de desarrollar y mejorar la tecnología para transmitir radiocomunicaciones y su uso en los sistemas de vigilancia estratégica. Nada más.

Proyecto HAARP, ¿arma meteorológica capaz de controlar el clima?

Cortesía del sitio oficial de la Universidad de Alaska.

Por desgracia, los resultados obtenidos por el proyecto HAARP permanecen clasificados; no obstante, proyectos similares como EISCAT, su homólogo europeo, o el equivalente ruso SURA —que, por cierto, es cincuenta veces más potente que HAARP— podrían darnos alguna pista de ellos.

Cabe preguntarse si la desmilitarización del proyecto disipará la teoría conspirativa de HAARP como arma climática secreta. Y es que, si los estadounidenses realmente tenían en sus manos la Estrella de la Muerte de las armas climáticas, ¿por qué habrían dado por terminado el proyecto?

Han pasado décadas desde la Operación Popeye en Vietnam, la tecnología no se ha detenido y las técnicas actuales para estimular precipitaciones son mucho más efectivas. A pesar de todo, la perspectiva de un arma climática sigue estando lejana. Mientras no se resuelva el problema del suministro de energía, no hay que preocuparnos por las armas climáticas. Al menos, por ahora…

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